IBIZASCOPE

Stories

Recorre la ciudad amurallada de Dalt Vila

Recorre la ciudad amurallada de Dalt Vila

Stories

El perfil característico de la ciudad de Eivissa viene marcado por la estructura del casco histórico que se desarrolla en el interior de sus murallas renacentistas

En sus orígenes, pobladores fenicios y musulmanes pusieron las bases del desarrollo arquitectónico de la ciudad. Pero no fue hasta el S. XVI cuando el ingeniero Juan Bautista Calvi, bajo el mandato de Felipe II, asumió la dirección de las obras de lo que es hoy uno de los mayores recintos amurallados y completos del mundo. Iniciadas en 1555 y finalizadas 30 años después, hoy contienen uno de los mayores atractivos histórico-turísticos de la isla.

Dalt Vila merece ser recorrida con calma, dedicando tiempo a contemplar su arquitectura y su legado histórico. Es aconsejable llevar calzado cómodo para afrontar sus múltiples cuestas y escaleras.

Aunque los accesos a las murallas son diversos, la entrada principal es el Portal de Ses Taules. Sobre el majestuoso portal se corona el escudo y la corona imperial de los Habsburgo, con una inscripción que data su construcción. Una vez atravesamos el puente levadizo que supera el foso, nos adentraremos en el porticado patio de armas, donde se alojaba el cuerpo de guardia. Superado otro arco y caminando siempre sobre empedrado, accederemos a la plaça de Vila. Una encantadora plaza alargada repleta de restaurantes de variada oferta gastronómica, tiendas y galerías. Seguiremos hacia la izquierda para disfrutar de una una ruta periférica de las murallas, de baluarte en baluarte. Para ello nos dirigiremos hacia la calle de Sa Carrossa, que cuenta con un recoleto parque arbolado y donde se asienta la escultura del historiador y sacerdote Isidor Macabich. Siguiendo por la cuesta llegaremos hasta el baluarte de Santa Llúcia, de grandes dimensiones en cuyo centro se halla un antiguo polvorín, hoy reconvertido en sala de exposiciones. Supone el mirador más inmediato a lo que fueron los barrios pescadores por antonomasia: Sa Marina y Sa Penya.

Si seguimos bordeando la línea del acantilado, hacia el sur, podremos deleitarnos con unas hermosas vistas sobre la bahía de la ciudad, el puerto y el faro de Botafoch. Así llegaremos hasta la plaza España, frente al edificio histórico del ayuntamiento, con un mirador sobre el acantilado. Un estatua de Guillem de Montgrí, el conquistador de las islas bajo mandato de Jaime I de Aragón, nos recuerda el legado cristiano que se inició en el año 1235. Bordeamos el edificio del ayuntamiento, con su claustro adherido al convento de Santo Domingo, y llegaremos a unas escaleras que, tras un progresivo ascenso, nos llevarán a a zona más interior y elevada de Dalt Vila, la más palaciega y señorial si cabe. Atravesaremos la muralla medieval original por la puerta de Sa Portella y seguiremos subiendo hacia la izquierda. A apenas unos metros llegaremos a la Plaza de la catedral, en cuyo perímetro se alzan edificios llenos de historia: el Museo Diocesano, La Casa de la Curia, el centro de interpretación Madina Yabisah y, cómo no, la Catedral. El mirador nos regala vistas aún más amplias del puerto y el Pla de Vila. Cruzando al otro lado de la Catedral llegaremos a una ronda sobre la muralla que nos conducirá a los baluartes de Sant Jordi y Sant Bernat, desde los que ya tendremos una panorámica completa del mar que rodea la ciudad. Podremos contemplar Formentera, la zona turística de Playa d’en Bossa, y mucho más cerca, la zona de Puig des Molins. A nuestras espaldas, el solemne castillo, muy pronto Parador Nacional. Si seguimos la ronda Calvi, esta vez ya en pendiente hacia abajo, las vistas que se nos ofrecen son las del ensanche urbano de la ciudad moderna de Ibiza, y sus montañas circundantes. El baluarte de Sant Jaume marca la mitad de recorrido y el de Sant Pere marca el punto donde la muralla se pliega ya hacia el este. Allí, en la coqueta Plaza del Sol, se encuentra otro de los accesos destacados a la muralla, el del Portal Nou. Y cerrando el recorrido, podemos continuar hasta el baluarte de Sant Joan, con otro acceso, éste rodado, y en cuyas inmediaciones se encuentra el Museo de Arte Moderno. A pocos metros, la Plaça de Vila nos indica que hemos completado el recorrido.